Etapa 1: 2-04-07: Buenos Aires- Madrid

Y comencé la travesía. Como dije antes, mi primera parada era España. Fuimos hasta Ezeiza, más o menos dos horas antes, pues el papelito que me había dado Raúl (mi cuñado español) decía que el vuelo salía a eso de las 22:30. Pues bien, no era así. Salía unos 40 minutos antes. Gracias a Dios como estaba que caminaba por las paredes por los nervios e insistí en salir temprano no hubo demasiada tragedia. Mi mamá como siempre se puso a charlar con cualquiera que estuviera delante nuestro y se topó como unos franceses. La fila seguía y tenía que pasar yo solo ya que era quien viajaba. Al ser uno de los últimos en hacer el check in y al viajar solo…..algo que no esperaba sucedió. “Te voy a poner en clase ejecutiva”. Increíble!!! Realmente fue una buena señal para comenzar el viaje. Festejé al modo de Roger levantando y sacudiendo el puño cerrado….lo ameritaba.
Al haber llegado con el tiempo tan justo sólo quedo pagar la tasa de embarque e irme….obviamente abrazos y saludos mediante con mis papás. Llevaba ya mis dos bolsos de mano (algo en lo que seguro hablaré más adelante porque se ha transformado en un verdadero problema) y empecé a pasar todos los controles. Estúpidamente, llevé una tijera en mi cartuchera la cual me hicieron devolver. El sistema está muy mal, ya que te sacan lo que llevas que ellos consideran peligroso pero no te dan ni la plata ni un baucher como para recogerlo al volver…nada. Claro que no pienso lo mismo cuando llevan una bomba….las bombas son caras, no las podrían pagar. Me pregunto quien estará usando mi tijera en estos momentos. En fin, una baja.
Al pasar todo, me siento en el suelo….y me doy cuenta que había dejado los dos abrigos que en teoría iba a llevar en la mano! Mi gabán y un buzo (el de Deutschland negro, que ya muchos deben conocer ya que lo uso todo el tiempo). Rápidamente pensé donde lo podría haber dejado y no recordaba haberlos perdido en ningún lugar, estaba casi seguro que mi mamá se los había quedado. Al estar en clase ejecutiva me dejaban entrar primero (una de las tantas ventajas que enumeraré a continuación). Los que hacían la cola larga….no se los veía felices al verme pasar. Pero bueno….mala suerte. Me senté en seguida en mi lugar. Y era un asiento bastante más grande, nada fuera de lo común. Dejé mis bolsos en sus correspondientes lugares y esperé. De repente la señora francesa con la que mi mamá estaba hablando viene y me trae los abrigos diciéndome que me los mandaba mi mamá. “Muchas gracias”, atiné a balbucear por la sorpresa y me senté a seguir esperando. Hasta el momento todo bien. Veo a mi costado y veo un gran apoya brazo y veo que debajo había un CONROL REMOTO. Ya me empezaba a emocionar. Era increíble. Y arriba un dibujo de lo que era mi asiento con diferentes botones. Toqué uno para ver que hacían….y mi asiento se empezó a mover electrónicamente…la verdad fue que en ese momento no pude evitar sonreír. Y como frutilla del postre….una líneas pequeñas….lo presione…y MASAJES. Con razón la gente quiere viajar en clase ejecutiva. Es una diferencia tan grande como la tercera clase y la primera del Titanic en la película con el mismo nombre…como para que vean la diferencia. La comida no fue la gran cosa, seguía siendo mala, sólo que había más de dónde elegir, que no es poco.
Me olvidaba algo importantísimo: pantalla personal. Se podían elegir y ver películas todo el tiempo. Pude ver un capítulo de los Simpsons, la película esta de Dupree, esa comedia americana que no se como se llama, el Ilusionista (que es muy buena) y por último Eragon.
El viaje, se me pasó “volando”, es más….me daban ganas de quedarme más tiempo. Lo que en clase turista es una tortura que te deja deshecho, en ejecutiva…no está tan mal.
Al llegar tenía dos bolsos de mano bastantes pesados (uno al menos 15 kilos o más, estoy seguro… ¿Cómo lo sé? Por todo lo que traspiré llevándolo) y empecé a buscar mi bolso grande. Tuve que caminar unos 20 minutos con los bolsos a cuestas entre subidas y bajadas de escaleras alrededor de todo el aeropuerto hasta que llegamos A UN TREN para ir a la zona de las maletas. Al bajar del tren, otra vez seguir subiendo y bajando como tonto. La verdad que empezaba a pensar mal de los españoles. Logré recoger mi valija y fui con mi hermana que me estaba esperando. Tardé 40 minutos luego de bajar del avión…para que vean que no miento.
Llegué a España.

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