Llegando a Passau

El día de hoy me levanté temprano, casi a las siete de la mañana aunque honestamente aún no se dónde estoy parado con el tema del cambio de horario. Desayuné, no mucho igual, aunque si tomé bastante líquido: 4 vasos de jugo y dos cafés con leche. El día anterior me había dado una vuelta por Munich, bastante breve para ver que onda, y dónde podía comer y me di cuenta que es una ciudad cara. Entonces, al estar desayunando me hice un sándwich y me lo guardé para después. Así es, me salió el argentino de adentro.

Como el tren a Passau salía a la una y media (13:24, ya que los alemanes son muy correctos con el tiempo…respetan todo lo que dicen) tenía unas 4 o 5 horas para ver Munich. Primero busqué y busqué y busqué más la famosa Karlplatz, dónde mi tía segunda había ido. Resultó ser muy lindo…muy lindo. Era una peatonal larga llena de negocios muy variados. Seguí caminando y eventualmente llegué a la Marienplatz dónde había una iglesia increíble, por el tamaño y por el estilo. Esa zona en su mayoría la están restaurando. Seguí caminando y me encontré con el Viktualienmarkt, que según mis poderes deductivos es el mercado de vituallas. Había de todo. Para que se den una idea, era como un mercado de pulgas….o algo así como las tiendas que hay en recoleta, ¿vieron? Pero como debería ser…todo limpio, la gente sin apretarse, los negocios muy bien armados…en fin, a lo alemán digamos. Había una zona que era exclusiva para la venta de carnes y embutidos. Era tal la cantidad de cosas que tenían que el olor en el aire cambiaba. Algo que me sorprendió es que los alemanes compran y venden muchas flores y plantas…había muchos negocios viveros. Después de caminar un rato más decidí volver ya que me estaba alejando muchísimo.

Después decidí investigar la zona aledaña a mi hotel y encontré el Goethe Institut de Munich. Al ir acercándome a esa zona empecé a ver más y más restaurantes turcos…esos Doner Kebab que también hay en casa. Resultó ser que la zona estaba llena de asiáticos y turcos. Pero muchos, ¿eh? Por un rato dejé de escuchar alemán.

En Munich también hay gente que pide, no muchos, pero los hay. Pero la verdad es que al ver todo limpio, las calles sin baches, gente trabajando para que todo esté mejor muestra realmente la calidad de vida.

Algo que me hizo causar mucha gracia fue que acá los semáforos son “inteligentes”. Tienen conectados los timings de otros semáforos alrededor y cambia cuando está por pasar el tren que circula por la calle. También hay algunos que tienen sensores cuando alguien está esperando y cambian para dejarlo pasar, y ni bien pasó vuelven a darle el paso al auto. No es maquinal, sino que cambian constantemente la sincronía. Pensando en todo eso me salió la conclusión que si estos son “semáforos inteligentes” los nuestros realmente son “semáforos estúpidos”…..cuando andan, claro.

Respondiendo a la pregunta de Charly las mujeres son muy lindas, aunque lamentablemente los hombres son también muy facheros, lo cual no me deja muchas chances. Hay dos índices a tener en cuenta para ver cuan linda es una mujer alemana. El primero es su masculinidad, donde en un extremo hay una chica normal y en el otro una marimacho. Lamento decir que hay muchas de ambos tipos. Y el otro índice a tener en cuenta es el de la gordura. Por experiencia propia tengo que decir que la comida alemana es pesada. Todo lo que se come debe tener 200 calorías. Es decir, que si son gordas no es su culpa, sino su cultura.

El viaje en tren es increíble. Es otra experiencia que hay que vivir. Poco a poco me estoy dando cuenta de que Passau si es un pueblito después de todo. Una vez ahí veré si eso es bueno o malo.

Una cosa más que quisiera recalcar es la sensación que se siente en Munich. No hay gente que te mira como para robarte. A pesar de llevar 20 bolsos encima no sentía miedo y eso que las llevé en el subte, en tren, en bus, y caminé con ellas por la ciudad. Imagínense ir con bolsos en el subte de Buenos Aires…una locura. Yo me agarraría a mi valija y me sentaría encima de mi bolso de mano.

Un último tema y me despido: el idioma. Hasta ahora sin mayores dificultades. Morir de hambre no me voy a morir. El mayor problema lo tuve con un vendedor que me crucé en la estación de tren de Munich, dónde quise comprar un pedacito de pollo. Cada pieza costaba 50 centavos. Al pedirle una me saltó con un discurso del que apenas alcance las palabras claves de su respuesta. “No te vendo una, te vendo dos o nada”. “Bueno, dam dos”. Y fin.
Quizás exagere un poco, pero estoy aprendiendo muchísimo. Con la persona ceon la que más interacción tuve fue con el recepcionista del hotel. En una de nuestras conversaciones más memorables el me pregunta con que voy a pagar. Respondo “mit Geld natürlich” (“con plata por supuesto”). A lo cual el me explicó si con tarjeta, cash u otra cosa. “Vielleicht Serien B Pataconen”, “NEIN, das ist SheiBe”. (Quizás patacones serie B, no, eso es mierda). Eso no lo dije, pero hubiera sido divertido.

Pues bien, hasta ahora todo bien. Me siento muy cómodo y con muchas expectativas sobre lo que pueda pasar en el viaje… y eso que aún ni llegué.

Me olvidaba de algo importante. Una mini aventura, que más que vivirla, la sufrí. Por suerte mi espíritu argentino me salvó de nuevo. Munich es caro, como ya les dije. El tema es que necesitaba un baño. En los Mcdonalds tienen a alguien cuidando para que no entres sin dejar al menos una propina. En los restaurantes tenés que pagar: tienen una cerradura con el agujero para que metas moneda. Yo seguía caminando y sin baño. Mi vejiga crecía y crecía. “En la estación de trenes debe haber”, pensé. Lo que había era algo así como un baño público, dónde usar el toilette costaba 1,10 euros, o sea, casi 5 pesos….una locura!!! Decidido a no pagar seguí dando vueltas por la ciudad, aunque la situación se estaba tornando desesperada. Vislumbré en una esquina un shopping. “Ahí si tiene que haber”. El cartel del único baño de todo el shopping estaba en el sexto piso. “Si está tan alto, es porque el baño es gratis”, ya me empezaba a fallar la lógica. El tema no era ser tacaño, como estarán pensando, pero pagar por ir al baño me pareció en ese momento algo inaudito. En el piso sexto estaba nomás el baño y había un cartel que decía “Nur für Gäste” (sólo para clientes), pero como no había nadie que vigilara me mandé. (En teoría por haber llegado a esa altura ya se me tendría que haber considerado como potencial cliente, pero bueh). Y fue así como obtuve mi victoria en la cruzada contra el baño caro!

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