Viaje a Irlanda (julio de 2015)

Una pequeña crónica de un viaje breve a Irlanda. Cuatro días en el Sur de la República de Irlanda.

Un viaje un poco organizado todo a último momento. Esos son los mejores viajes a veces, la verdad. Donde las cosas no están en un 100% bajo control, donde todo puede salir bien, salir mal, o malir sal. Le da un poco más de vértigo o aventura a toda la cosa, que es, al fin y al cabo, lo que uno busca al viajar. 

Al viaje fuimos cuatro personas, yo, argentino (si se quiere alemán), Patricia (portuguesa), Sarah (alemana) y Patrick (irlandés). Fuimos por iniciativa de este último, que aprovechando un regreso a casa efímero, nos invitó a conocer un poco su país.

Salimos del aeropuerto Frankfurt Hahn, que es un aeropuerto que queda a unos 45 minutos de bus de la ciudad de Frankfurt, con la aerolinea RyanAir. Como anécdota, cabe destacar que el subte para llegar a la parada del bus se atrasó (así es, en Alemania los transportes también se atrasan... como también la gente hace paros y se quejan... en el fondo los alemanes también son personas, para quien pensara lo contrario). Al atrasarse el subte, el tiempo no nos alcanzaba para llegar puntuales a la salida del bus, con lo que tuvimos que correr, valija en mano. Nuestra amiga Sarah ya estaba en el bus, y le pedí por teléfono que hiciera tiempo que “en unos momentos” estaríamos llegando. Realmente no quería que me pasara lo mismo que me pasó en Estrasburgo (para eso leer la entrada de la visita a la ciudad francesa). En esa ocasión no estaba Sarah, y por eso perdimos el bus. En este caso, nuestra amiga alemana consiguió que el bus esperara, para poder irnos todos juntos. Estuve con respiración agitada la mitad del viaje, transpirando profusamente para mal de mi acompañante en el bus, una vieja italiana que intentaba leer el diario.

Llegamos al aeropuerto, que es realmente pequeño y sin el glamour del aeropuerto internacional de Frankfurt, y volando con avión un poco gastado, salimos para Irlanda. El viaje fue un poco movido, pero era de esperar, ya que ibamos al país donde siempre llueve. ¡Algunas nubes eran de esperarse!
Primer pequeño choque cultural: salimos de Alemania con calor, remera y pantalón corto. Llegamos a Irlanda a abrigarnos... y a mojarnos un poquito. 

Al llegar al aeropuerto de Kerry (si yo pensaba que el aeropuerto Frankfurt Hahn era chico, era porque no había había visto el de Kerry), alquilamos un auto, y pusimos en camino. Yo no estaba al volante, pero me senté adelante a la izquierda... es decir, donde debería estar el asiento del conductor. Fue divertido y extraño al mismo tiempo viajar del lado de la izquierda sin tener que manejar. Sarah fue quien tomó el volante. Las rutas son muy estrechas en Irlanda y yo tenía la sensación que nos ibamos a chocar todo el tiempo. Sobrevivimos...

La ciudad de Killarney

Como comentario antes de relatar todo lo que hicimos, es que no paramos ni un segundo durante los cuatro días que estuvimos en Irlanda. No podría concebir un viaje donde se haya aprovechado mejor el tiempo, que como lo hicimos nosotros en este viaje. Estoy leyendo en estos momentos las Aguafuertes Cariocas de Roberto Arlt, y él escribía día a día las cosas que iba viviendo en ese viaje a Brasil. Supongo que de esa manera puede apreciar uno mejor los detalles de las cosas que se viven, pero bueno, trataré de hacer mi mejor esfuerzo en dejar expresado en estas palabras todas las aventuras que tuvimos en esos cuatro días en Irlanda.

Al llegar a Killarney, nuestro amigo Patrick nos estaba esperando. Nos quedamos en un Bed & Breakfast, de los tantos que hay en la zona, que tiene una gran afluencia de turistas, sobre todo de los Estados Unidos. Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a recorrer la ciudad.

No dimos muchos pasos para llegar al centro, donde había una calle larga con muchas banderas de diferentes nacionalidades. La argentina estaba perdida por ahi entre las otras. Dimos una vuelta, simplemente para ver donde podríamos ir a la noche a comer algo y escuchar algo de música.

Al volver y dar una vuelta, un hombre viejo se nos acercó a hablarnos. Yo, automáticamente, pensé que nos iba a pedir dinero. Pero lo que en realidad ofrecía era un paseo a caballo con carro por todo el parque nacional de Killarney. Patrick que ya conocía el recorrido (el es de la ciudad de Cork) dijo que era algo que teníamos que hacer, y no estaba equivocado.

El paseo por carro fue, creo yo, una de las mejores cosas que hicimos en nuestro viaje por Irlanda. El señor tendría más de 50 años, aunque parecía haber salido de alguna historia antigüa medieval, en la que no se podría adivinarse cuantas primaveras platearon su sien. Un acento de la Irlanda profunda marcaban el ritmo de su voz, realmente llevándonos a la época en que todo lo que nos rodeaba, castillos y antigüas fortalezas, eran ocupadas. Las historias cobraban vida, y parecía que los actores de las mismas había estado hace poco caminando por los lugares que visitabamos. 

El paseo duraba una hora, por lo menos, y tenía como objetivo mostrarnos todo el parque nacional, sus bosques, lagos, montañas, un castillo, y partes de la ciudad. Íbamos los cuatro sentados, con una suave brisa y un aire fresco gracias a la humedad del lugar, al trote monótono del caballo que nos llevaba, y la voz con tono bien irlandés, que nos explicaba todo lo que veíamos. 

En el medio del paseo paramos unos minutos para que el caballo pudiera descanzar, tomar agua, comer alguna cosa, y poéticamente hablando, viajar más ligero. Fue gracias a esta pequeña pausa programada que pudimos visitar el castillo llamado “Ross”. Es una construcción pequeña, la verdad desde la cual se pueden ver las islas que están en el lago. Cada isla tiene un nombre y una historia diferente, algunas de las cuales nos contaba nuestro guía. Algunas sencillas, como quien compró tal o cual edificio, que en alguna de las islas hubo una prisión,... en fin, historias de vidas de todas las personas que vivieron en la zona.

El viaje pudo haber durado una hora, pero creo que el tiempo en esas cosas no se puede medir con algo tan común y mundano como los segundos, minutos u horas.

Torc Waterfall y Ladies’ View

Luego de la fabulosa visita al parquet nacional de Killarney que acabo de describir, nos fuimos a una pequeña cascada llamada la Torc Waterfall. Está oculta en medio de un bosque tan verde, que uno entiende porqué ése es el color más representativo de Irlanda. El aire se respira fresco, ya que además de árboles y plantas, la humedad es bastante elevada. No es de sorprender, llovizna al menos una vez al día... todos los días.

Realmente me sentí entrar en la Comarca de los Hobbits (the Shire, en inglés original), poco más mirando de reojo a mis costados por si alguno de los espectros del anillo venía en nuestra búsqueda.
La cascada era preciosa, y con estos paisajes, ser fotógrafo es muy sencillo... la naturaleza hace todo el trabajo por nosotros. Dimos unos saltos por las piedras, nos sacamos unas fotos y seguimos con nuestro camino.

La siguiente parada fue una vista panorámica llamada Ladies’s View. Los caminos, como creo ya haberlo dicho, son muy estrechos, pero esta vez fue Patrick quien manejaba, con lo cual subimos a una velocidad un poco más alta que antes (mareándonos un poco inclusive, haciéndome recordar viajes al sur de Francia, o al norte de España en las rías baixas... o más reciente en Portugal... en su totalidad).

La vista era increíble, y hasta nos reímos citando a Tolkien nuevamente... “Legolas, what do your elf eyes tell you?”. Interesante también era un negocio que se encontraba al lado, en el cual se podían comprar un millón de souvenires de Irlanda. Hay que admitirlo, ¡los irlandeses saben vender su marca! Entre las cervezas, los deportes, los tréboles, los “leprechaum”, los celtas, en fin... tienen de donde elegir. Me traje un par de imanes de recuerdo...

Devil’s Punch Bowl

Todavía en nuestro primer día en Irlanda (nos levantamos a las siete de la mañana para salir al aeropuerto) y luego de todo lo descrito hasta ahora, aun tuvimos tiempo de hacer algunas cosas más.
Luego de dejar el Ladies’s View, seguimos un poco la carretera hacía unas montañas que habían ahí cerca. Los paisajes que nos acompañaban eran idílicos, la verdad, con la fortuna que el clima era soleado y un poco fresco. Paramos un par de veces, bajándonos del auto para escuchar a unas ovejas de fondo. En la última parada, pudimos bajar una ladera hasta llegar a un lago (probablemente de deshielo) que pensamos que era el Devil’s Punch Bowl. El água era oscura, al punto de que no se podía ver nada. No me hubiera sorprendido (o bueno, tal vez un poco) ver salir una serpiente gigante nadar fuera de ese lago. Todo el paisaje acompañaba a esa idea.

El viento que soplaba suavemente empezó a levantar tanto, que tuvimos que irnos. Volvimos, para el centro de la ciudad, para ir a tomar algo. No tuvimos suerte, ya que buscábamos música en vivo, y en casi todos los lugares estaban terminando para cuando nosotros llegabamos. Fuimos a comer a uno de los pocos lugares que quedaban abiertos que era un restaurante que emulaba los años 50’. La comida fue todo frito con kilos de azúcar... pero era eso, o nada. Nos fuimos a tomar una cerveza, y finalmente volvimos al Bed & Breakfast. Cuando dicen “aprovechen el tiempo” o “seize the day”, creo que deben haber escrito la frase pensando en el primer día que tuvimos en Irlanda. 

El desayuno – Full Irish

El desayuno irlandés precisa de un espacio propio para ser explicado y descrito. Es una comida potente, por ponerle un adjetivo, que brinda calorías suficientes como para llegar tranquilamente a la cena. Fueron 4 días a alimentarnos con ese desayuno todas las mañanas (o sea, solo 3 veces), y al volver ya me sentía más pesado que al ir.

Las cosas que se pueden encontrar en el desayuno irlandés (al menos el que yo comí en la región de Kerry, pues tengo entendido que hay diferentes versiones del mismo según en la ciudad en la que uno se encuentre) son: dos salchichas, huevos (que pueden ser fritos o batidos – los llamados scrambled eggs), dos o tres lonchas de panceta, white y black pudding (el negro es parecido a la morcilla nuestra, el blanco no contiene sangre... así que no se parece a nada que conozca), lleva también porotos salteados con salsa de tomate y para ponerle algo saludable... tomates.... eso sí, fritos. 

No voy a negar que era un desayuno muy rico, pero por suerte solo tuve la oportunidad de comerlo 3 veces, sino creo que moriría... de gordura. Quizás el desayuno sea la razón por la cual los irlandeses sean tan colorados... por la presión alta que deben tener.

Clonakilty

Clonakilty es un pueblo al sur de Irlanda, no muy lejos de Cork, que tiene salida al mar. Muy pintoresco, con flores, y un aire muy irlandés. Fuimos a un bar / restaurante llamado An Súgán, que aparentemente es muy conocido, y comimos alguna cosa, que fue pequeña ya que veníamos de comer mucho el día anterior. Pedimos igualmente una tabla con quesos que no tenían pérdida.  

Fuimos a dar una vuelta por las calles luego de la comida, pasando por el monumento de Michael Collins (se explica más abajo este punto), y terminamos en otro bar. Ahí nos pusimos a hablar con dos irlandeses que mientras nosotros íbamos por nuestra primera (y única en mi caso) cerveza, se tomaron dos, para ir por la tercera. Nos pusimos todos juntos a ver rugby. Me enteré más del rugby argentino en esos momentos que quizás en toda mi vida, no habiendo seguido a los pumas desde el mundial histórico del 2007, donde el equipo argentino terminó en tercer lugar.

Al terminar lo que estabamos tomando, nos fuimos a Indchidoney, que era donde se encontraba nuestro hotel. De esta parada quisiera solamente recordar la pileta de água salada, que tenía un sauna y el desayuno a la carta. Claramente pedí un desayuno “full Irish”. No me pesé al volver, pero seguro que estaba más gordito...

Michael Collins

Cuando se visita un país en el cual nunca antes se había estado, uno siempre aprende cosas nuevas, ya sea gastronómicas, geográficas, culturales o históricas. O incluso sociales, como lo es conocer gente nueva. Todo lo que ya he explicado era nuevo, pero realmente importante, o al menos que me llamó la atención fue la figura de Michael Collins.

Patrick me contaba un poco sobre quien había sido Michael Collins y lo que representaba para los Irlandeses. Lo que textualmente me dijo fue: “Para nosotros él fue... lo que para ustedes fue Bolívar”.
Esto me lammó la atención a dos cosas: la primera, mi gran ignorancia sobre Irlanda, su historia y costumbres. Más allá de que todo es verde, que siempre detestaron a los ingleses y que el símbolo por excelencia es el trébol... mucho más no conocía. Esto hizo (o está haciendo) que me interese más en estas cuestiones y lea más sobre la figura misma de Michael Collins y toda la historia del país. Hay una película en la que Liam Neeson (que aprendí también que es irlandés, aunque del Norte) hace el papel de Michael Collins mismo, que me gustaría ver también... en fin, que me enseño que hay muchas cosas que no sé y que me gustaría seguir aprendiendo.

La segunda, irónicamente, fue mi desconocimiento de Bolívar. Indiscutiblemente Bolívar habrá hecho muchas cosas importantes pero “lo que para ustedes fue Bolívar”... a menos que en el “ustedes” esté incluída la noción de patria grande... que yo sepa, Bolívar no hizo nada por la Argentina, y lo único que hizo fue empujar a San Martín de la historia en Guayaquil. Creo que la mayoría de los argentinos solo debe conocer el evento llamado la “entrevista de Guayaquil” y nada más. Volviendo al punto anterior, estoy leyendo sobre el tema también. Si, claro, Patrick debería leer también alguna cosa al respecto, pero bueno... al mundo hay que cambiarlo a partir de uno mismo.  

Para poder seguir aprendiendo al volver del viaje, paramos en una librería y nos compramos unos cuantos libros. Yo me traje conmigo una guía ilustrada breve sobre la historia de Irlanda, y una un poco más detallada sobre el pueblo de Irlanda. Como detalle, pasamos unos minutos por un negocio de armas, en la que había además ropa, herramientas, entre otras cosas... me compré ahí una bandera “Medium” de Irlanda, y Patrick se compró un rifle para lanzar gomas elásticas... para el placer de Sarah que no podía disimular su alegría... y volver con un arma (de madera, si) para registrarla en el aeropuerto y volar en avión.

La cerveza y el idioma de Irlanda

Antes de contar como terminó el viaje, me gustaría hablarles de algunas cosas que me llamaron la atención, sobre todo la cerveza y el idioma de Irlanda, el Irish.

Ex un poco vox populi, pero todos sabes que la cerveza Guiness es de origen irlandés, pero hay muchísimas otras cervezas “negras” en Irlanda. Creo que en todos los bares donde paramos, me tomé un tipo de cerveza diferente y en cada ocasión el gusto era completamente diferente. Fue una experiencia “gastronómica” muy interesante.

Con respecto al idioma que se habla en Irlanda, más allá de los acentos, como expliqué más arriba en el caso del señor que nos hizo el recorrido por el parque nacional, en todos lados se encuentra la traducción al “Irish”, esto es, porque es el idioma oficial del país, junto con el inglés, claro. Es un idioma que viene luchándo por permanecer vigente desde la época de la edad media. Me fascinó la verdad el hecho de que un idioma tan diferente conviviera con el inglés moderno. Aprendí algunas palabras, como trato de hacer siempre, pero no podría reproducirlas ahora, sobre todo porque no sé cómo escribirlas. Quizás busque un curso de Irlandés....

Muckross house

Lo último que hicimos en el viaje antes de irnos fue visitar la “Muckross house”. Era una casa antigüa con una arquitectura muy bonita, que daba a un paisaje increíble, como la mayor parte del tiempo que estuvimos en Irlanda: montañas, un valle... esta vez la llovizna y el viento le dieron hasta ese aire melancólico que necesitaba.

Hicimos un recorrido sobre las diferentes familias que vivieron en la casa, que fue muy interesante por los diferentes hábitos que tenían las personas hace tanto tiempo: en este caso, la caza. Había cabezas de ciervos y alces por todos lados, pinturas y herramientas sobre lo mismo, en fin... que se despertarían pensando en la caza, hablarían todo el día de los animales, para irse a acostar contando alces saltando una cerca.

Ya no nos quedaba otra cosa que irnos al aeropuerto, para emprender el regreso. Fueron 4 días muy activos, que nos dejaron cansados, pero llenos de aventuras, y en mi caso, de curiosidad por todas las cosas que vimos, y claro... ¡con muchas ganas de volver!

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